Logo Jober.es

La nueva brecha laboral: millones de trabajadores aún no usan inteligencia artificial

La nueva brecha laboral: trabajadores que aún no usan IA
Compartir:

La nueva brecha laboral: millones de trabajadores aún no usan inteligencia artificial 

La inteligencia artificial aparece ya en ofertas de empleo, cursos, titulares, reuniones de empresa y conversaciones sobre el futuro del trabajo. Parece estar en todas partes. Pero esa impresión tiene truco: mientras una parte del mercado laboral aprende a usar estas herramientas, otra sigue mirando desde fuera, sin formación, sin tiempo y, muchas veces, sin saber por dónde empezar. 

UGT ha alertado de una nueva brecha digital vinculada a la inteligencia artificial. Según el sindicato, más de 23 millones de personas en España no utilizan nunca herramientas de IA, y al menos 5,5 millones ni siquiera saben qué son. El dato rompe una idea cómoda: no todo el mundo está “adaptándose” al mismo ritmo. Algunos ya usan asistentes para redactar, resumir, traducir o programar. Otros ni siquiera han tenido una primera explicación clara. 

No es solo una cuestión de edad 

Cuando se habla de brecha digital, muchas veces se piensa automáticamente en personas mayores. Y sí, la edad influye. Pero reducir el problema a eso sería demasiado fácil. La falta de uso de la IA también puede estar relacionada con el tipo de empleo, el nivel formativo, el tamaño de la empresa, el acceso a herramientas, el idioma, la confianza tecnológica o la posibilidad real de formarse durante la jornada. 

No aprende igual quien trabaja en una oficina con ordenador, tiempo para probar herramientas y apoyo interno, que quien encadena turnos en hostelería, limpieza, comercio, cuidados, logística o producción. En muchos empleos, la digitalización llega desde arriba, pero la formación se queda flotando en algún PowerPoint que nadie tiene tiempo de abrir. 

La IA ya empieza a contar en el currículum 

Aunque muchas personas aún no la usan, las empresas empiezan a valorar habilidades relacionadas con la inteligencia artificial. No siempre buscan perfiles técnicos. A veces esperan algo más básico: saber redactar un prompt, revisar una respuesta, detectar errores, resumir información, automatizar una tarea sencilla o utilizar una herramienta sin copiar y pegar a ciegas. 

Ahí aparece el riesgo laboral. Si estas competencias empiezan a ser habituales en oficinas, administración, marketing, atención al cliente, recursos humanos, ventas o gestión de datos, quienes no hayan tenido acceso a formación pueden quedar en desventaja. No porque no sepan trabajar, sino porque el mercado empieza a pedir una capa nueva de habilidades. 

El problema no es que todo el mundo tenga que convertirse en programador. El problema es que cada vez más puestos pueden exigir una relación mínima con herramientas digitales avanzadas. Y quien no reciba apoyo para aprender puede encontrarse con una puerta cerrada sin saber cuándo apareció. 

Las empresas no pueden dejarlo todo en manos del trabajador 

Una parte del discurso sobre IA suena a responsabilidad individual: “actualízate”, “aprende”, “adáptate”. Tiene sentido que cada persona cuide su empleabilidad, pero no toda la carga puede caer sobre el trabajador. Si una empresa introduce herramientas nuevas, también debe explicar cómo se usan, para qué sirven, qué límites tienen y qué riesgos implican. 

Además, el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial ya habla de alfabetización en IA. Las organizaciones que utilizan estos sistemas deben adoptar medidas para que su personal tenga un nivel suficiente de conocimiento, teniendo en cuenta su experiencia, formación y el contexto en el que se aplican las herramientas. 

Dicho de forma sencilla: no basta con comprar una solución tecnológica y esperar que la plantilla aprenda por combustión espontánea. Si la IA entra en el trabajo, la formación también tiene que entrar en la jornada, en los planes de empresa y en la negociación laboral. 

La brecha también puede crear miedo 

La falta de formación no solo limita oportunidades. También aumenta la ansiedad. Muchas personas oyen que la inteligencia artificial va a cambiar su sector, pero nadie les explica qué parte de su trabajo cambiará, qué tareas pueden mejorar, qué riesgos existen o qué derechos tienen si se usan sistemas automatizados para evaluar rendimiento, asignar turnos o tomar decisiones. 

Ese vacío se llena rápido con miedo. Y el miedo no suele ser buen profesor. Para que la transición digital sea justa, no basta con hablar de productividad. Hay que hablar de acompañamiento, transparencia y tiempo real para aprender. Nadie debería sentirse expulsado del mercado laboral por no haber nacido con un chatbot debajo del brazo. 

Qué deberían hacer las empresas 

La formación en inteligencia artificial no tiene que empezar con cursos imposibles ni con lenguaje técnico que parece escrito por una lavadora filosófica. Puede empezar por lo básico, pero debe ser clara y útil. 

  • Explicar qué herramientas se usan en la empresa y para qué tareas concretas.
  • Formar dentro de la jornada laboral, no solo recomendar vídeos para ver en casa.
  • Adaptar la formación al puesto, porque no necesita lo mismo una persona de atención al cliente que una de mantenimiento o administración.
  • Enseñar límites y riesgos, como errores, sesgos, privacidad o uso de datos sensibles.
  • Evitar que la IA se convierta en una excusa para aumentar carga de trabajo sin reorganizar recursos.

Qué puede hacer un trabajador para no quedarse atrás 

La responsabilidad principal no debería ser individual, pero sí conviene dar pequeños pasos. La mejor forma de perder miedo a estas herramientas es probarlas con tareas sencillas y seguras. 

  • Empezar por usos básicos: resumir un texto, organizar ideas, preparar una lista o traducir un mensaje sencillo.
  • No confiar ciegamente en la respuesta: la IA puede inventar, exagerar o equivocarse con mucha seguridad teatral.
  • No introducir datos personales o confidenciales si no se sabe cómo se tratan.
  • Pedir formación en la empresa cuando una herramienta empiece a formar parte del trabajo diario.
  • Actualizar el currículum con habilidades reales, no con frases vacías como “experto en IA” después de tres prompts y un café. 

El futuro del trabajo no puede dejar a media plantilla fuera 

La inteligencia artificial puede ayudar a trabajar mejor, pero solo si se reparte también el acceso al aprendizaje. Si unos pocos reciben herramientas, tiempo y formación, mientras otros solo reciben presión para adaptarse, la tecnología ampliará desigualdades que ya existían. 

La brecha no está entre quienes aman la IA y quienes la rechazan. Está entre quienes tienen oportunidades reales para entenderla y quienes solo oyen que deberían ponerse al día. En el mercado laboral que viene, saber usar estas herramientas puede abrir puertas. Por eso la formación no debería ser un lujo, ni una tarea pendiente para el fin de semana, sino una parte normal de trabajar en una economía que cambia.